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Hernán Rivera Letelier y sus amores góticos

Posteado a las 13 de Julio de 2011 - 13:16 162 comentarios
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El escritor ilustra la foto de portada de su nueva novela

El escritor ilustra la foto de portada de su nueva novela

“Aquí yace Joaquín Lavín: lo mató el lucro”.

Ese es el epitafio para el ministro de Educación que propone el escritor pampino de Chile, Hernán Rivera Letelier, quien por estos días anda entumido por Santiago en tediosas tareas de promoción de su nuevo libro: “El escritor de epitafios”, que será lanzado en su cálida y entrañable Antofagasta.

Rivera Letelier tiene textos mortuorios para todos los que ya son a su juicio “cadáveres políticos”, condición de la que no se salva ni el mismísimo señor Presidente: “Aquí yace Sebastián Piñera Echenique: nació y vivió pobre y lo único que tuvo fue plata”, sentencia, celebrándose la ocurrencia que la otra noche lo tuvo ocupado a él y a un montón de amigos. Poniéndose más serio afirma:

-Me da mucha pena Piñera. Hace todo lo que puede para que la gente lo quiera y no le resulta. No hay caso. Es penoso cómo el ego y la vanidad liquidan a una persona. Incluso a una persona tan astuta como él.

-Sí, porque es un hombre inteligente…

-No, inteligente no: astuto, habilidoso, pero inteligente no. Si fuera inteligente no le estaría yendo como le está yendo.

También compadece a Lavín, en el “rol de edecán”, “de escudero” durante la cadena nacional en que Piñera anunció el programa GANE. “Piñera no le puede hacer eso: la única explicación es que quiere destruirlo, porque allí parado, quieto como foto, se veía patético”.

-Me imagino que tendrás epitafios para los muertos de la Concertación, que ahí sí que abundan.

-Esos huevones están tan, tan muertos, que no dan ni para epitafios. Yo haría uno general: “Aquí yacen la izquierda y la derecha: al fin unidas”, porque creo que la política está completamente muerta. En Antofagasta, en Santiago y en el mundo entero. Mira nada más lo que está pasando con las protestas ciudadanas multitudinarias.

Y se acuerda de cuando en la campaña de Michelle Bachelet aceptó ir de candidato a diputado en su zona como independiente por la Concertación y, “¡por suerte!”, perdió. Imagínate cómo estaría ahora”.

Rivera Letelier tiene redactado su propio epitafio. Reza: “Murió antes que su obra”. Eso es a lo que aspira, porque, modesto al fin, tampoco se imagina que su obra perdure a perpetuidad. Aspira sólo a que la fascinación por sus historias pampinas, con personajes entrañables, como la putísima reina Isabel que cantaba rancheras, la enorme quiromántica Luvertina de “Los trenes se van al purgatorio” y la más reciente y conmovedora contadora de películas, permanezcan en el corazón de los lectores del mundo lo más que puedan.

“A veces mis colegas me pelan porque me han oído decir que mis obras son clásecas, y yo lo digo así porque, claro, se leen en clases. O sea, son literatura cláseca”, sentencia soltando otra carcajada. Y luego se interesa en serio por saber qué nos pareció el lenguaje de “El escritor de epitafios”.

Cuando le decimos que lo sentimos muy emparentado con el de sus dos novelas anteriores: “La contadora de películas” y “El arte de la resurrección”, se muestra satisfecho. Y cuando lo piropeamos diciéndole que en sus textos se nota el amor por las palabras antiguas, de sonoridades rotundas y desconocidas para estas generaciones que se manejan a punta de “ón” para allá y “ón” para acá”, se arrellana con satisfacción en la silla, tal como lo haría el gato del escritor de epitafios.

El escritor de epitafios, que es un ángel sin alas que vive amparado en el Café del Centro de Antofagasta viendo pasar las nubes y las gentes, ciertamente no es otro que el propio Rivera Letelier. El es un hombre que vive refugiado en el café, que mira pasar la vida y que luego vuelve a escribir a su casa sencilla de un barrio antiguo donde vive sin mayor ostentación. “Y además soy un ángel. ¿no te habías dado cuenta?”.

Sí, no damos cuenta de que en ninguna de sus novelas anteriores, un personaje había sido tan evidentemente autobiográfico como este escritor-angélico que escribe obituarios y homenajes fúnebres, aunque el amor por la adolescente gótica de la novela, que nace platónico y termina desbordado, es ficción pura.

-La primera vez que vi a una gótica fue en 1997 en Roma. Me impactó y desde entonces me interesan.

-¿Eróticamente? ¿Te gustan?

-No, las hallo muy feas, pero hay algunas conmovedoramente hermosas, como esa primera que vi en Roma.

-¿Efectivamente hay rituales medio satánicos en el cementerio de Antofagasta?

-Sí, eso sí es verdad. Pasa allá, en el cementerio. Yo he ido de noche y lo he visto.

-¿Y las pokemonas te interesan? ¿Esas adolescentes que juegan al lesbianismo?

-Ah, las he visto, besándose o tomándose de la mano. Esas me paran los pelos.

-No me digas que eres homofóbico…

-No para nada. No tengo prejuicios y aplaudo las acciones de gente como mi amigo Pablo Simonetti que trabaja por la causa de la igualdad y el reconocimiento de las minorías sexuales. Tengo muchos amigos gay y son personas lindísimas –dice con su impronta de hombre rudo del norte.

-En la portada del libro apareces en una foto. Te ves igualito a los 33 mineros de Atacama cuando salieron con lentes oscuros del fondo de la mina San José. ¿Cómo ves ahora su evolución?

-Tal como lo predije en las columnas que publiqué con ocasión del rescate: el verdadero infierno para ellos no fueron los setenta y tantos días enterrados en la mina, sino la exposición mediática post rescate. Ahora, los que no se protegieron con sus familias y conservaron la sangre y la cabeza frías, están sin pega, abandonados y echados para el lado por la opinión pública.

-¿En qué estás trabajando ahora?

-Simultáneamente en dos novelas en las que en ambas vuelvo a la pampa, a mi hábitat natural.

-¿Y no te confundes? ¿No se te enredan?

-No, para nada. Es igual que con las mujeres. Es mejor a tener tres al mismo tiempo; así cuando una se pone terca, te vas con la otra o con la otra. Es una especie de orgía creativo literaria, y a mí me gustan las orgías –dice en una metáfora, que es eso, suponemos, porque este hombre, de recién cumplidos 61 años, lleva casado con la misma mujer 36.

-Estás produciendo una novela por año… Cómo lo haces.

-Fácil, es lo único que hago. O no, hago dos cosas: escribo y tiro, nada más. Esa es mi vida. La vida del escritor de epitafios.

Quienes quieran un ejemplar de la flamante novela de Hernán Rivera Letelier “El escritor de epitafios”, dejen aquí sus comentarios o en la cuenta de Twitter #xitorrescautivo

Comentarios

162 comentarios Comentario
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  1. Tito Fernández Posteado: 2 de Noviembre de 2011 a las 23:18

    “La contadora de películas” es el libro más hermoso que he leído en mi vida. Tengo setenta años y la literatura de este hombre me mantiene la fe en que el mundo no se va a acabar por falta de sensibilidad. Siempre va a haber uno que lo salve.

  2. Jessica Posteado: 12 de Octubre de 2011 a las 20:45

    Un dia caminando por la calle vi en el suelo un paño con sus libros…pense y quien es el?? mas tarde un conocido dijo que esperaba compar un libro de Hernan Rivera Letelier…pense que inculta y desinformada estoy, si venden su libro en la cuneta mi amigo quiere su obra y yo ni idea de quien..paso el tiempo y en mi historia como vendedora encontre sobre la vitrina una lista con regalos sugeridos olvidada…H.R.L. nuevamente se presentaba ante mi. El Escritor de Epitafios me llevo a el una tras otra palabra…conoci su obra.

  3. lidia balladares Posteado: 10 de Octubre de 2011 a las 18:25

    tengo casi todos las obras de HRL,ojalá pudiera tener este también.Me encanta su narrativa

  4. Jorge Uribe Ghigliot Posteado: 22 de Julio de 2011 a las 14:02

    ME PARECE EL ESCRITOR CHILENO QUE MAS A PODIDO USAR LA CAPACIDAD DE SER FRANCOS Y DIRECTOS SIN LA NECESIDAD DE OFENDER

  5. Angelita Posteado: 22 de Julio de 2011 a las 13:58

    En un país donde la literatura es tan cara, quisiera tener el privilegio de tener un libro original alguna vez y que sea mio, no de la biblioteca!!!

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