
En la llamada Ribera Maya, dos millones de turistas llegan anualmente a Tulum, la ciudadela-observatorio de los mayas
Si atendemos a las ya famosas profecías mayas que establecen que el fin del mundo se producirá el 21 de diciembre de 2012, hay que apurarse en ir a la playa y disfrutar el verano, el último de tu vida si es que nos guiamos por la publicidad de Cristal.
El Gran Ciclo del calendario maya se cerrará con la destrucción de la humanidad el cuatro Ahau tres Kankin, fecha que corresponde al 21/12/12, día del solsticio de verano en el hemisferio sur.
Estos vaticinios, patrañas para algunos o inevitable realidad para otros, han desatado la imaginación y generado toda suerte de libros. Uno de los cuales (muy entretenido y cuático) es “El testamento maya”, del estadounidense Steve Alten, publicado por Grijalbo, donde se advierte que el acabose planetario tendría como epicentro las ruinas de Tulum en la maravillosa playa del mismo nombre.
Tulum es la ciudad observatorio que los mayas llamaban Zama, palabra que significa amanecer. La ciudadela es la única que esa avanzada civilización precolombina construyó frente al mar y fue ocupada en el 1.200-1.300 antes de Cristo. Centro comercial y religioso, punto de encuentro de los pueblos que habitaban esta zona del actual estado de Quintana Roo, en la Península de Yucatán, fue abandonada por sus habitantes unos 70 años antes de la llegada de los conquistadores españoles y la causa de esa huida es uno de los muchos misterios que encierra.
Anualmente, las ruinas de la espectacular ciudad, son visitadas por 2 millones de turistas. Quienes viajan a Cancún y tienen algún interés cultural no pueden dejar de visitar Tulum, además de Chichen Itzá, que está a unas dos horas en auto (188 kms.) y es el principal centro arqueológico de Península de Yucatán y está vinculado a los olmecas, no a los mayas.
Considerando que el terreno en Yucatán es de piedra caliza y está cruzado por túneles subterráneos, algunos iniciados son capaces de sumergirse en un cenote, ojo de agua que los mayas usaban en sus ceremonias en Chichen Itzá y llegar nadando de caverna subterránea en caverna subterránea hasta las cercanías de Tulum.
En el “El testamento maya”, la novela de Steve Alten, que sitúa el comienzo del fin del mundo en Tulum, los cenotes y las escrituras mayas y todo un entramado de intrigas, se cruzan por esta península cuyo subsuelo es como un queso Gruyere.
Quienes hemos estado en Tulum sabemos que el mundo no puede terminar en un lugar tan mágico, menos uno cuyo nombre significa amanecer. La playa es de agua tibia, la arena blanca y fina como polvo talco, la selva se mete en las dunas y las ruinas son visibles desde el mar, mientras uno nada o juguetea a la vista de las iguanas que dormitan en las rocas. Así es que la mirada truculenta de “El testamento maya” es mejor cambiarla por la de una de las guías turísticas de la ciudadela. Según ella, los mayas consideraban una época de transición el acercamiento al “Quinto Sol”, que empieza el 12 de diciembre de 2012. Según sus escritos y observaciones astrológicas, el Sol, al salir ese día, entra en conjunción con la intersección de la Vía Láctea, abriéndose un canal de energía cósmica. Esta energía puede ser positiva y anunciadora de nuevos cambios, no necesariamente catastróficos.
Ahora, si la catástrofe va a desatarse, ideal sería que nos pille confesados, en bikini… y en Tulum.


Periodista y directora del portal Terra. Ha publicado casi una decena de libros, varios de ellos súperventas (“El evento”, “Cómo sobrevivir en Chile después de los 30”, “El chileno de maleta”, entre otros) y escritos en coautoría con su amiga Totó Romero. Desprejuiciada, sin poses intelectuales, en este blog busca estimular la lectura y no le hace asco a nada, ni a los bestsellers, ni a la autoayuda ni a la novela rosa. Lo importante es leer; esa es su máxima.