Corín Tellado, a quien el escritor cubano Guillermo Cabrera Infante, llamaba “Corán Tullido”, fue durante años el corrector de estilo de la reina de la novela rosa en sus entregas mensuales a la revista Vanidades, publicación absolutamente capitalista pero que nació en Cuba y luego se hizo continental, con el impulso de las “novelas inéditas” de Corín Tellado.
De vender 10 números la revista pasó a 100, por dar una idea de la proporción del éxito de las historias de esta mujer más bien triste, que murió el 2009, a los 81 años, después de haber escrito más de 4 mil novelas y vendido 400 millones de ejemplares.
Un lugar común sobre ella que aparece en enciclopedias y reportajes es que se trata de la escritora en español más leída, superando a Miguel de Cervantes con su Don Quijote. Mario Vargas Llosa y el propio Cabrera Infante, quien también la llamaba “la inocente pornógrafa”, reconocen esa empatía con los lectores y aunque el primero dice que nunca le ha leído ni una línea y el segundo le leyó miles por sobrevivencia (era su corrector de pruebas), creo que todas las mujeres latinoamericanas hemos leído al menos una “novela inédita” de Corín.
Yo empecé a consumirla en mi pubertad, cuando la Vanidades era lectura obligada de mi mamá. Y luego tragué cientos en la peluquería, donde me daba un poco de vergüenza que me vieran haciéndolo, así es que la metía dentro de una de formato más grande, Cosas o Caras, para que no se notara.
Tengo varias amigas con las que somos capaces de reescribir una novela rosa a lo Corín de memoria, recordando los lugares comunes de la trama, la descripción de personajes, los títulos y los giros lingüísticos, muy españoles, como “jersey”, para hablar del suéter, o “pantalón de pana” para el de cotelé. Mi amiga Totó –experta en Corín, no en vano dirigió Vanidades en Chile– se reía a gritos con lo calentones que eran los conservadores amantes protagonistas. Nunca lograban llegar al hotel donde consumarían su amor post matrimonio, estaban tan sofocados que debían hacer un arito en el camino para no arder como pasto seco porque ella sentía el deseo “en los pulsos” cada vez qué él la rozaba. Y él, que nunca era un Adonis en el sentido clásico, tenía un atractivo y una masculinidad frente a la cual no había cómo resistirse. Ellas solían tener los ojos “melados” y era de “una sensibilidad tan subida”, que les palpitaban “las aletillas de la nariz”, los besos eran “ahogantes, como si ambos tuvieran hambre de amor”, ellos, los hombres, siempre poseían experiencia previa (a veces eran viudos), y aunque “habían besado a muchas mujeres, jamás habían sentido una sacudida igual” como cuando la besaban a ella, que obviamente era virgen pero con un sofoco de Padre y Señor Mío.
De ahí que Cabrera Infante la llamara “la pornógrafa inocente”. Ella contaba que le debió su estilo al régimen del general Franco y a la censura que imponía a los escritos, a todos, incluidos los de sus historias rosa, que por eso siempre debían culminar en casorio: “Algunas novelas venían con tantos subrayados que apenas quedaba letra en negro. Me enseñaron a insinuar, a sugerir más que a mostrar”, contó en una entrevista.
Ahora, con una biografía escrita por su hija Begoña en las solapas (Corín la tuvo a ella y a un hijo de un breve matrimonio, institución con la que nunca volvió a tropezarse), Vergara Editores publica “Desde el corazón”, un rosado y gran volumen que reúne 4 grandes novelas de la escritora asturiana, de la reina del género rosa.
Y dado que estamos en vacaciones y a pocas semanas del Día de los Enamorados, permitámonos el placer culpable y leamos a Corín contra viento y marea, tal como sus perseverantes amantes logran arribar (sofocadísimos) al altar, para luego pasar, con todos los trámites legales cumplidos, al tálamo nupcial.
Las románticas que quieran participar del sorteo de “Desde el corazón” sólo deben dejar aquí sus comentarios o en la cuenta de Twitter @xitorrescautivo

Periodista y directora del portal Terra. Ha publicado casi una decena de libros, varios de ellos súperventas (“El evento”, “Cómo sobrevivir en Chile después de los 30”, “El chileno de maleta”, entre otros) y escritos en coautoría con su amiga Totó Romero. Desprejuiciada, sin poses intelectuales, en este blog busca estimular la lectura y no le hace asco a nada, ni a los bestsellers, ni a la autoayuda ni a la novela rosa. Lo importante es leer; esa es su máxima.