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Ricardo Lagos habla de Carmen Waugh y su vida por el arte

Posteado a las 10 de Enero de 2012 - 17:17 4 comentarios
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Cuatro galerías de arte han cerrado en el último tiempo: la Animal, la de Florencia Loewenthal, la de Cecilia Palma y la Moro, lo que probablemente sea reflejo de la mirada del ex presidente Ricardo Lagos sobre el estado de la cultura en Chile: “Deme un metro de libros pero de tal color para que combine con las cortinas, por favor, pide la gente”.

Irónico y relajado, el ex mandatario es uno de los presentadores del libro “Carmen Waugh. La vida por el arte”, de Faride Zerán, que será lanzado este jueves 12 de enero en la Sala Matta del Museo de Bellas Artes”. Y es además una fuente protagónica de esta investigación que revela el aporte a la plástica nacional y latinoamericana de esta mujer pequeña, austera y consecuente a quien Chile debe “la colección de arte contemporáneo” más relevante del país y una de las más importantes del continente: la del Museo de la Solidaridad Salvador Allende.

Carmen Waugh es la primera galerista de Chile, un oficio que en los años 50 no tenía la pátina de glamour y elitismo que tiene hoy. Ella se instaló primero asociada a su padre con un taller de marcos para luego independizarse y fundar junto a su marido una galería propiamente tal en pleno Centro de Santiago. Luego, abrió galerías en Buenos Aires y en Madrid, todo un proceso marcado por los acontecimientos políticos chilenos y del continente, que acentuaron sus convicciones de izquierda y que, al regresar a Chile a mediados de los 80, la llevaron a crear La Casa Larga, un espacio de encuentro cultural que hoy Ricardo Lagos recuerda como “el lugar donde uno concurría en una época dura, áspera, difícil, si querías obtener un poquito de calor, ver cosas bonitas y entretenidas, escuchar debates. La Casa Larga era un espacio de libertad para las ideas, donde diariamente había que tomarse un café”.

Al ex presidente no le gusta la foto de Carmen que ilustra la portada del libro: “La veo un poquito triste, tremendamente melancólica, y ella es alegre, cálida, cariñosa y además cree tanto en lo que hace”.

Quién será su relevo

La mirada de Ricardo Lagos no coincide con la fama de hermética y seria que tiene Carmen Waugh y que Faride Zerán realza en su libro, en especial cuando alude a las dificultades para que la galerista hablara de cuestiones más personales, como sus amores con el escritor Julio Cortázar y el poeta Juan Gelman. “Como consecuencia del libro aumenté mi conocimiento en cuestiones de la vida de Carmen que ella no contaba y que yo sólo conocía como rumores”.

–Se refiere a sus amores con hombres como el escritor Julio Cortázar y el poeta Juan Gelman.

–Sí, claro. Ya ves que ella tuvo la generosidad y la sencillez de permitir que se publicaran en el libro cartas privadas que le enviaron Cortázar y Gelman. Yo pienso que Carmen ha hecho bien en compartirlas porque son cartas muy hermosas que revelan tan bien lo que es el amor y que viniendo de quiénes vienen tienen tanto valor –dice el ex presidente en un tono muy distinto del que usa para el análisis político.

“Carmen es como sus casas. La que tiene ahí en Lo Cañas, allá arriba, es una casa de muchas salas, con paredes de adobe, que la vuelven muy cálida, y, a diferencia de las casas de otros galeristas donde el arte está puesto para que se luzca, en la suya los cuadros no crean el ambiente de una galería de arte, sino que son parte del todo de manera natural, tal como es ella. En ellas hay una vida bien vivida”.

–En el libro, la conocida galerista Isabel Aninat, suegra del actual ministro de Cultura Luciano Cruz-Coke, dice que ella aspiraría a relevar a Carmen Waugh en su liderazgo en el mundo de las galerías de arte.

–Vi eso en el libro, lo leí. Carmen tiene el ojo, el ojo para distinguir lo que vale, lo nuevo, las vanguardias. Si ella no hubiera estado quizás habría pasado lo que sucedió a fines del siglo 19, comienzos del 20, cuando los chilenos con plata que viajaban a Europa compraban puras leseras, mientras los argentinos se volvían con obras de los impresionistas. Buenos Aires tiene muchas valiosas obras impresionistas, consecuencia de la audacia y la sensibilidad de esos viajeros. Quizás los chilenos seamos más conservadores e inseguros, porque a Chile no llegó nada. La audacia de Carmen Waugh se releva en su relación con Matta, ese es otro aspecto súper importante. Ella era su gran nexo con Chile. Recuerdo una vez que nos acompañó a París en el avión presidencial y le llevaba una gran canasta donde iban dulce de camote, lúcumas y otras frutas que él amaba de Chile. Ella era la que sabía y reconocía a Matta en Chile. Entonces cuando pienso quién podría llevar la guaripola del arte en Chile cuando ella se retire, es difícil, porque la mezcla de atributos de Carmen es irreproducible. Ella descubría, interactuaba, influía en los artistas.

Isabel Allende v/s Carmen Waugh

–Durante su gobierno se resolvió la disputa que toma todo el capítulo final del libro: ¿a quién pertenece la magnífica colección del Museo de la Solidaridad, a la Fundación Salvador Allende o al Estado de Chile? ¿Cuál es su mirada sobre ese tema que enfrentó a Carmen Waugh con la senadora Isabel Allende?

–Lo natural es que ese patrimonio sea del Estado de Chile, eso es lo natural, ya que las obras fueron donadas por los artistas en solidaridad con el pueblo de Chile. Yo seguí este conflicto no digamos de cerca pero estaba informado, aunque quien lo resolvió fue Ramón Huidobro. Ramón, a quien yo quiero mucho, con sus grandes dotes de diplomático, encontró la solución salomónica al resolver que las obras eran del Estado de Chile y se cedían en comodato a la Fundación Salvador Allende, porque están vinculados por las circunstancias históricas a su figura. Pero los cuadros fueron donados al pueblo de Chile y, claro, estaban mejor en su antiguo local en la Quinta Normal. Pero yo entiendo que Isabel quisiera un lugar para su Fundación que tuviera otras características y se entusiasmó por esa casa de la Avenida República que fue centro de tortura durante la dictadura… En fin, lo más importante es como hacer muestras itinerantes con este patrimonio por el país para que lo disfruten todos los chilenos.

–El otro tema que enfrentó a Carmen Waugh con Isabel Allende fue el que se usara el Museo de la Solidaridad para velar a la Payita, quien fue la pareja de Allende y gran amiga de la galerista…

–Ah, en eso qué te voy a decir. Simplemente que todas las grandes personalidades también son seres humanos y albergan celos, inseguridades, pasiones… Yo entiendo la decisión que en su momento tomó la Carmen porque ella y Payita eran grandes amigas y habían trabajado en la recopilación y rescate de las obras, pero comprendo a Isabel que habría querido ser consultada en ese tema… Ahí empieza la petit histoire.

–Ahí es donde está a veces lo más sabroso.

–Claro y puede que esos aspectos aumenten la venta de libro.

Ricardo Lagos es un hombre que sabe de arte y que se relaja y hace gala de su humor al tocar estos temas. Como cuando narra que estuvo a punto de perder una maravillosa obra de Gracia Barrios que representa la celebración del triunfo del No. “Ella me lo regaló cuando yo era ministro de Obras Públicas y cuando ella hizo una retrospectiva me lo pidieron. Naturalmente lo presté y además me tocó hablar en la inauguración. Pero por tirar pinta, casi pierdo el cuadro. Se me ocurrió contar que cuando tenía que tomar una decisión compleja como ministro, miraba esa obra y me preguntaba que dirían esos chilenos que creyeron en nosotros y que ese cuadro me inspiraba para resolver cuestiones difíciles. Entonces el presidente de Chile, que también estaba presente y oyó mis palabras, dijo: ‘Si ese cuadro sirve para tomar buenas decisiones de Estado, mejor es que lo tenga el Presidente y no uno de sus ministros’”, cuenta celebrándole la salida a Eduardo Frei. “Realmente en ese momento vi peligrar mi cuadro”.

La anécdota está narrada en el libro, así como otras dos relacionadas con la palabra más usada en Chile: huevón. Aunque en un caso aclara: “No es esa palabra fea que tú conoces, sino una con la letra g y cremillas sobre la u. Así supe que se llamaba el cuadro de Roberto Matta que tuve en mi oficina de la Presidencia durante mi gobierno”. Y se ríe con ganas el ex presidente Lagos.