Hace unas semanas me tocó asistir a la ceremonia de titulación de mi hija mayor en el Campus Lo Contador de la Universidad Católica. Cinco años de afanes culminaron en una ceremonia austera por no decir paupérrima, a la que cada alumno que se titulaba podía invitar hasta a tres personas. Con música grabada como en un acto de colegio, un cóctel de -con suerte- dos lucas por nuca, un discurso en que se hizo honesta referencia a la mala calidad de las salas y la proximidad de la inauguración de un nuevo edificio que la generación de diseñadores 2010 no disfrutará, aunque todos los padres hayamos pagado religiosamente a la Pontificia los 3.610.000 de pesos que vale el arancel anual de esta carrera durante al menos cinco años, se tituló mi negrita.
Pese a la cicatería de los organizadores del evento (una especie de tradición en la Cato, según los recuerdos de mi propia titulación), que de más podrían haber contratado a un coro para ennoblecer el asunto, fue una tarde emocionante. Hablaron las autoridades y también dos flamantes diseñadoras. Una estuvo especialmente lúcida y lucida con su inteligente discurso, el que cerró con un verso de Claudio Bertoni, muy tierno, muy lindo, que emocionó a todo el mundo. “Luciano”, se llama y dice:
“Siempre que barro
me encuentro con una bolita de cristal
con una “lunita”
que se le quedó una vez a mi sobrino
cuando durmió aquí
Nunca la recojo
ni la guardo
ni se la devuelvo
ni mucho menos la boto
La dejo que dé vueltas por ahí no más
que conviva conmigo
que tenga su vida ahí en el suelo
como una lucecita que dice ‘Luciano’”.
Les cuento todo esto porque los hechos coincidieron con mi lectura de un libro encantador, que además parte con un discurso de despedida en una ceremonia académica. Pasó en 1944, cuando su autor tenía 17 años y debió despedir al curso que salía del Liceo Nacional de Varones de Zipaquirá, en los Andes de Colombia, lejos de su Aracataca natal.
Me refiero naturalmente a Gabriel García Márquez, un hombre al que no le gusta hablar en público, pero que se ha visto obligado a hacerlo. La antología recoge 22 discursos dados en las más diversas situaciones: desde esa graduación adolescente, texto que es un canto a la amistad, hasta varios homenajes a sus amigos, como Álvaro Mutis y Julio Cortázar, pasando por el que pronunció frente al rey de Suecia en 1982, cuando la Academia lo reconoció con el Nobel de Literatura.
Ese lleva por título: “La soledad de América Latina”, y es un juego y una justificación de los temas de su insuperable “Cien años de soledad”. Es una pieza que yo no conocía y que recomiendo a cualquiera que quiera entender el porqué del “realismo mágico”.
Parte así: “Antonio Pigafetta, un navegante florentino que acompañó a Magallanes en el primer viaje alrededor del mundo, escribió a su paso por nuestra América meridional una crónica rigurosa que sin embargo parece una aventura de la imaginación. Contó que había visto cerdos con el ombligo en el lomo, y unos pájaros sin patas cuyas hembras empollaban en las espaldas del macho, y otros como alcatraces sin lengua cuyos picos parecían una cuchara. Contó que había visto un engendro animal con cabeza y orejas de mula, cuerpo de camello, patas de ciervo y relincho de caballo. Contó que al primer nativo que encontraron en la Patagonia le pusieron enfrente un espejo, y que aquel gigante enardecido perdió el uso de la razón por el pavor de su propia imagen”.
La magia de la realidad o la realidad mágica de García Márquez se sustenta en varios hechos y personajes históricos en un texto que alucina por su breve contundencia.
“Yo no vengo a decir un discurso”, que es el nombre de la antología, debería ser un libro de consulta para cualquiera que las emprenda en el arte de la oratoria o del simple hablar en público. Periodistas, relatores deportivos, reporteros de TV, profesores, vendedores, presidentes, parlamentarios, sindicalistas, empresarios, publicistas, todos los que a diario nos agreden con sus mal hilvanados balbuceos públicos, deberían andar con él como si del carnet de identidad se tratara. En una de esas mejoran. En una de esas.
Quienes quieran tenerlo, comenten aquí y en una de esas se lo ganan.
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Periodista y directora del portal Terra. Ha publicado casi una decena de libros, varios de ellos súperventas (“El evento”, “Cómo sobrevivir en Chile después de los 30”, “El chileno de maleta”, entre otros) y escritos en coautoría con su amiga Totó Romero. Desprejuiciada, sin poses intelectuales, en este blog busca estimular la lectura y no le hace asco a nada, ni a los bestsellers, ni a la autoayuda ni a la novela rosa. Lo importante es leer; esa es su máxima.