Queda menos de una semana para poder ver “La siembra”, la muestra del celebrado y precoz artista Felipe Cusicanqui Montes, en la Galería Patricia Ready en Vitacura. Y realmente vale la pena.
Sus cuadros, que tienen como soporte tosca arpillera y en ocasiones mezclan barro con acrílico son de grandísimo formato, valen cinco millones y reciclan materiales campesinos como heno, y urbanos, como papel de diarios y cartones, para conmover con su mirada del campo y del trabajo campesino. También hay flores naranjas, explosivas y algo hirsutas, y unas playas con gente y reflejos de la gente en la arena húmeda.
Ahora ha vendido varias de esas enormes obras y eso que él mismo reconoce que vende caro. Y le intriga el fenómeno: “Me llama la atención que gente muy rica compre y cuelgue un cartón viejo en su casa. Hay sensibilidad ahí, supongo”, comenta, y luego agrega: “Siempre he sido carero. Esa es mi filosofía. Prefiero vender poco, pero caro”.
En su taller de la ñuñoína calle Julio Prado, el mismo que un día ocupó Carlos Leppe, antes de partir de agregado cultural de Chile a Buenos Aires, Felipe Cusicanqui ofrece asiento, cigarro y Nescafé, para contar por qué pinta como pinta, entre otras cuitas, que lo revelan como un artista absolutamente atípico.
Sin poses intelectuales, este licenciado en arte de la Universidad Finis Terrae reconoce que era “porro en el colegio”, aunque ganaba todos los concursos y tenía regias notas en artes plásticas; que se debatió entre estudiar gastronomía y lo que finalmente cursó, y que optó por el arte a sabiendas de que sería difícil y quizás no ganaría ni uno, porque como cocinero tendría que trabajar más y probablemente tampoco ganaría ni uno. En “la Finis” se sintió cómodo, mucho mejor que lo que se sintió acompañando a su polola de entonces, señora de hoy, durante un año a la Escuela de Arte de la Universidad de Chile. “Allá los profesores ni se aparecían en las clases y los chantas de los ayudantes con cueva llegaban… Era un desastre y todo se reducía a pintar con pincel, con un espejo y un tocadiscos. En la Finis, en cambio, teníamos a la Gracia Barrios, a Ismael Frigerio, a Cristián Abelli, haciéndonos clases e impulsándonos a experimentar”.
Él lo hizo y bien. “Lo mío siempre fue trabajar el material, teñir gasas, torcer la tela… Mi tema es la fragmentación. Trabajar con cuestiones que de cerca son abstractas y de lejos se convierten en escenas figurativas”.
Egresó, ganó premios, como una Mención Honrosa en el 2° Concurso Mavi Arte Joven y el Bicentenario en el III Concurso de Arte Joven MAVI, y becas como un Fondart para la realización del Proyecto expositivo Lo que presentía cuando holgazaneaba sobre la hierba, y fue bendecido por el exigente crítico Waldemar Sommer con la calificación de “promesa del arte”.
Con todo esto, Felipe tiene ya dos hijos, una mujer, el proyecto de hacerse una casa en Pirque, 34 años y el proyecto muy avanzado de grabar un documental sobre sus orígenes, sobre su apellido maya, que lo entronca con Tupac Inca Yupanqui. Porque los Cusicanqui llegaron a Chile desde Bolivia en la figura de su abuelo boliviano, quien venía al internado de un colegio inglés, el Nido de Águilas. “Un cholo alto, un boliviano cuico y rucio”, según su nieto, que terminó el colegio, estudió química, tuvo un laboratorio, armó acá su familia y heredó a su primogénito sus títulos de nobleza, otorgados la noble familia inca por la Corona Española.
Felipe es el primogénito de ese primogénito y ahora se apronta a buscar esas raíces en Bolivia, un país que lo espera y sepa Dios cómo influirá en su pintura. A ver qué recoge Cusicanqui de esa antigua siembra.



Periodista y directora del portal Terra. Ha publicado casi una decena de libros, varios de ellos súperventas (“El evento”, “Cómo sobrevivir en Chile después de los 30”, “El chileno de maleta”, entre otros) y escritos en coautoría con su amiga Totó Romero. Desprejuiciada, sin poses intelectuales, en este blog busca estimular la lectura y no le hace asco a nada, ni a los bestsellers, ni a la autoayuda ni a la novela rosa. Lo importante es leer; esa es su máxima.